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(Marmato, 1909-Manizales, 1982). Novelista, poeta,
periodista y editor. Nació en Marmato (Caldas), pero vivió y desarrolló su
extensa producción literaria en Manizales.
‘Iván Cocherín’
es el pseudónimo de Jesús González Barahona, quien luego de ser ampliamente
conocido dentro y fuera del Viejo Caldas, consolidó y mantuvo su nombre
artístico de por vida. Otros pseudónimos que utilizó fueron: Ico, Adrián Acero,
Ivanco, Charuto y Nadie. Ejerció el periodismo como columnista de diversos
diarios, entre ellos La Patria de Manizales.
Se considera que
fue, para su tiempo, uno de los escritores más leídos de nuestra región, pues
él mismo publicó y distribuyó su trabajo literario por varios pueblos y
ciudades de Colombia.
Carlos Enrique
Ruiz, en un extenso y fraterno reportaje publicado en Aleph (1980), titulado “Iván Cocherín, caminante poeta de todas las
vidas”, esboza un jugoso itinerario y una conmovida semblanza del escritor
marmateño-manizalita. Dice Ruiz:
Poeta de
las 24 horas en cada día. Escritor hecho en las tertulias, en las lecturas
anárquicas y en la amistad de los escritores. Nadie le tomó de la mano para
guiarlo por un sendero suave. Él mismo se abrió camino escribiendo y publicando
en sus propios periódicos que hoy tenían un nombre y mañana otro. Tiene el
privilegio de una memoria infinita donde acumula millares y millares de versos
ajenos y propios -siempre dando la debida propiedad-, cientos de anécdotas y
millares de estampas de personajes que ha conocido. (…) Imaginativo, vivaz, animoso.
De alma siempre juvenil. Pero bohemio ante todo. (…) Siempre es lúcido en su
hablar. Ninguna tragedia puede reducirle a la postración, a la quietud o a la
derrota. Hace tiempos que se salvó porque supo sobreponerse a la vida y le
veremos como habitante de varios siglos más, ya que siente la vida galopando
sobre el tiempo. (p. 8)
(…) Ha sido
director, propietario, redactor, corrector, armador, etc., de varias decenas de
periódicos, llámense “La ponzoña”, “Chusma”, “El látigo”, “Sibaté”, “El
periódico”, “Tráiler”, “Filas”, “El minuto (el diario más pequeño del mundo, en
tamaño de hoja parroquial, con la cooperación de Hernando Arbeláez, editor y
fotógrafo), “La Feria”, revista anual que fundara con los poetas Guillermo González
Ospina y Camilo Orozco, etc. etc. etc.. (…) Hoy día está produciendo un
quincenario -que sale cada que se puede- de corte humorístico, bajo el nombre
de Al revés. Ha sido columnista del
diario La Patria de Manizales. Y hasta ha intervenido como conferenciante o
“decidor” de poemas en universidades colombianas donde la comunidad estudiantil
siempre lo ha acogido con respeto y querencia. En Cartagena leyó su trabajo
sobre “La novela proletaria en América”; y en Armenia, Manizales y otras
ciudades, presentó ante el Auditorio Universitario sus escritos sobre Héctor
Pedro Blomberg, el poeta de la Rosa de los vientos. (p. 9)
Jorge Eliécer
Zapata Bonilla en el libro Tres letrados
caldenses (2011) afirma que Iván Cocherín:
Constituye sin
duda un caso singular en la literatura regional. Aparece desde la tercera
década del siglo veinte y se vincula al grupo denominado ‘Grecoquimbaya’,
constituido por luchadores populares y opuesto al grupo de los ‘Grecolatinos’,
conformado por la élite intelectual y política. Su obra se va convirtiendo con
el correr de los días en la que identifica a los desposeídos de toda fortuna.
Por sus libros corren los seres anónimos, los mineros, los pescadores, los
peones, cultivadores de arroz, en fin, los desprotegidos de todo. (p.96).
En la misma
reseña biográfica, Zapata Bonilla plantea que el desconocimiento y escasa elaboración crítica
frente a la obra de “Cocherín” se debe, en buena parte, a que sus novelas
fueron consideradas “proletarias”, sólo porque su autor perteneció “a los movimientos de la izquierda
revolucionaria” de su época. (p.75)
Adalberto Agudelo
(1995), en su ensayo “La novela o el
espejo social (En: Caldas: Patrimonio
y memoria cultural), citado por Zapata B., expresa sobre la obra de Cocherín:
Su gran valor radica en haber asumido la causa de los humildes, los desamparados, los trabajadores, como tema de sus narraciones. En tanto que la burguesía puso el corazón y el intelecto fuera de su propio solar, Cocherín y todo su grupo radicó su trabajo en el patio nativo, en los hombres y las mujeres de su pueblo…(Zapata B., 2011, p. 87)
OBRAS:
En una vista
panorámica de su producción literaria, Roberto Vélez Correa (2003), en el libro
“Literatura de Caldas, 1967-1997“, nos
resume los ‘motivos’ centrales de las principales novelas de Cocherín. Al
respecto precisa:
Cada una de
sus ficciones trabaja un conflicto social en particular. Por ejemplo, Túnel denuncia la tragedia de los
mineros abocados a sufrir la larga noche de la madrugada; (…); Esclavos de la Tierra (1945) novela las
vicisitudes de los campesinos minifundistas del café; El sol suda negro (1954), el infierno laboral de los arroceros del
Tolima; Carapintada (1960), la
tragicomedia de los payasos del circo. (…); Barbacoa,
vuelve sobre la temática campesina, lo mismo que Derrumbes (1981) retoma la saga trágica de los mineros. En 1975
publicó Al Chinchorro le han caído
estrellas, sobre la vida de los pescadores del río Magdalena que dependen
de la subienda del pescado, sobre todo en la época de Cuaresma. (…). En esta
misma década reeditó su primera novela Nadie,
que se podría considerar como el botón germinal del resto de su obra en cuanto
a sus preocupaciones sociales y al mismo estilo de realismo crítico. (p. 35)
COMENTARIOS A SU OBRA
Roberto Vélez Correa (2003), en el libro mencionado, señala que las novelas de Iván Cocherín “se distinguían por enfrentar temas sociales de hondo calado humano. Los motivos de las historias de Iván Cocherín apuntaban siempre a exaltar el sacrificio y el dolor de los explotados y desposeídos”. (p.35)
El ensayista
Otto Morales Benítez, citado por Zapata Bonilla en su trabajo, se refiere a la
obra de “Cocherín” en los siguientes términos:
La obra de Iván
Cocherín tiene un acento social que conmueve. (…) Por sus novelas pasa la
violencia que ensombreció el alma de los colombianos. También los embrujos de
la noche. La ternura tiene un clima de sueño y esperanza, pero de golpe, la
misma naturaleza de la tierra -o del mundo interior- tiende sus soplos de
desventura. (…) Para mí, lo que destaca y consagra la obra de Cocherín es la
compasión social, la búsqueda de palabras para despertar la solidaridad, pero
esta se va desvaneciendo entre dolores y limitaciones económicas. (…) Es
evidente que a su escritura la orienta una meditación crítica de nuestra
comunidad. Son evidentes sus posturas estéticas e ideológicas, por elementales
que le parezcan al lector. (Zapata B., 2011, p. 77)
Respecto a
la calidad y profundidad del trabajo literario de Cocherín, el ensayista riosuceño
agrega: “Hay una calidad que es bueno destacar. Escribe un lenguaje popular
pero escogido con pulcritud. No hay una vulgaridad verbal de las que hoy dañan
la función literaria y cuya misión es ennoblecer y profundizar la belleza. (Zapata
B, 2011, p.79)
El maestro Adel
López Gómez, también citado por Zapata Bonilla (2011), refiriéndose el lenguaje
poético utilizado por Cocherín, nos dice que “es prosa juguetona y ligera -con
frecuencia sacudida, cortada, intermitente por el soplo de la tragedia- llena
de sorpresas, sembrada de greguerías en bruto, saltantes y sorpresivas. Y tal
vez por eso más llenas de ingenio…” (p. 82)
El escritor quindiano Humberto Jaramillo
Ángel, citado por
Zapata Bonilla (2011), al referirse a la
novela Carapintada de Cocherín,
manifestó:
¡Leo, de una sola etapa, y con brevísimas
interrupciones, la novela de Iván Cocherín! ¡Qué bella novela! Cocherín es, de cierto modo, nuestro pequeño
Panait Istrati, nuestro pequeño Máximo Gorki, nuestro pequeño Sillanpae. Su
vida y su obra, hechas en las ciudades, los pueblos, los puertos pesqueros o
los caminos de Rusia o de Rumania, de Finlandia o de la fría y brumosa
Escandinavia, hubieran sido sin duda semejantes a las de Gorki o de Istrati. ¿Por
qué no? (P. 89)
Carlos
Enrique Ruiz, en el reportaje mencionado, asegura que “estamos frente a un
hombre auténtico, cuya autenticidad él mismo ha modelado sin proponérselo.
Tiene una estatura de mina, de río, de camino áspero, de colmena que zumba y
una significación torrencial para quien quiera adentrarse en su personalidad y
su obra” (Ruiz, 1980, p. 13).
Después de esta aclamación, Ruiz (1980) nos
informa acerca de dos menciones significativas en torno a Cocherín y su obra:
El notable
crítico chileno Arturo Torres Rioseco lo menciona en su obra “Nueva historia de
la gran literatura iberoamericana” (Editorial Emecé. Buenos Aires, 1967, página
298) citando su novela “Túnel”, en el grupo de novelas proletarias. El escritor
y crítico colombiano Antonio Curcio Altamar (…), autor del libro “Evolución de
la novela en Colombia” (Biblioteca Básica. Editorial Colcultura. Bogotá. 1975),
donde cita las novelas “Túnel” y “Esclavos de la tierra”. (P. 11)
Bonel
Patiño Noreña, en la solapa de la novela “Derrumbes” (1981), escribe:
Este Iván
Cocherín que nadie llama Jesús González Barahona o qué sé yo, con su sombrero a
la pedrada y su disolvente y sonreído humor de Voltaire criollo. Este Iván
Cocherín, que vive de sus amigos, pero es un motivo de vida para sus amigos, es
a su vez propietario, gerente y operario único de la mejor fábrica de metáforas
con que cuenta Manizales y aún sus alrededores (…)
Este Iván
Cocherín, revolucionario de café y poeta de todas las horas, y quien reedita
sus obras cada vez que lo acosa la pitanza, le ha dado -impredecible como es-
por contrariarnos, bella contrariedad, editando una obra nueva, una novela
poema en donde rubrica su no desmentida condición de ser, aún en la hora de
ahora, uno de los escritores más originales de la literatura caldense, así los
dómines de la crítica pretendan ignorarlo.
LUIS EDUARDO NIETO CABALLERO (sobre “Esclavos
de la tierra”-1945)
Iván Cocherín
ha escrito lo que se llama una ‘novela proletaria’, una novela con la rebeldía
por dentro. La ha escrito con sangre y fuego, con indignación y con
desesperanza. No es un literato profesional. No hizo estudios universitarios.
Salió del pueblo con sus ojos atónitos y con su talento alerta para describir
el paisaje y para sondear las almas. Tiene frases magníficas, descripciones breves
que se quedan temblando en la retina.
(El tiempo.
Julio 16 de 1946)
JORGE ARTEL
Se discutió
por la crítica, cuando la primera edición de NADIE, si era un poema o una
novela. Yo creo que participa de ambas modalidades. Es más, tiene algo de
silenciosa tragedia, de amargo drama cotidiano. Admiro, en fin, la gracia del
estilo y la frescura que se mantiene en su narrativa llena de vivificantes
sorpresas.
(El
Colombiano, 2 de octubre de 1979)
JORGE E.
TRIVIÑO:
Cocherín era un hombre extraordinario en su forma de ser y de tratar a los demás, razón por la cual le dieron el titulo más hermoso que pueda recibir una persona: Poeta.
(Triviño R., 2020)
REFERENCIAS
-Cocherín,
Iván (1975) Al chinchorro le han caído
estrellas. Biblioteca de autores caldenses. Imprenta Departamental de
Caldas. Manizales.
____________
(1981) Derrumbes. Editora ‘Al
Revés’. Manizales.
____________
(2010) Túnel. Editorial
Edigráficas. Manizales.
-Ruiz, Carlos
Enrique (1989) Iván Cocherín,
caminante poeta de todas las vidas. Reportajes de Aleph. Revista Aleph #
32. Enero-Marzo. Manizales.
-Triviño,
Jorge E. (2020) Iván Cocherín, el
poeta.
En: https://www.lacoladerata.co/cultura/ivan-cocherin-el-poeta/
-Vélez
Correa, Roberto (2003) Literatura de
Caldas 1967-1997. Historia crítica. Ed. Universidad de Caldas. Manizales.
-Zapata B.,
Jorge Eliécer. (2011) Tres letrados
caldenses. Manizales. Editorial Manigraf. Manizales.
FRAGMENTOS ESCOGIDOS
(En la voz de Manuel Marulanda Gómez)
-UNA PIPA
-Fragmento de
“BARBACOA ”
-Fragmento de
“AL CHINCHORRO LE HAN CAÍDO ESTRELLAS ”
-Fragmento de
“TÚNEL ”
-Fragmento de
“ESCLAVOS DE LA TIERRA ”
-EL AGUARDIENTE
(Visiten y escuchen nuestro podcast adjunto)
AGRADECIMIENTOS:
Esta serie digital es posible gracias
al apoyo de la Secretaría de Cultura y Civismo
-Alcaldía de Manizales-
PROGRAMA DE ESTÍMULOS CULTURALES Y
ARTÍSTICOS 2026




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