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jueves, 18 de junio de 2026

CAPITULO 1


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TOMÁS CALDERÓN RAMÍREZ -“Mauricio”-

(1891 - 1955)

Por: Jairo Hernán Uribe Márquez 


TOMÁS CALDERÓN RAMÍREZ
(Fotografía del libro "Tomás Calderón, una antología"
de Pedro Felipe Hoyos K. / 2018)

Periodista, cronista y poeta.  Nació en Salamina (Caldas) en el año 1891.  Sin embargo, la mayor parte de su obra la realizó en Manizales, ciudad donde murió en 1955.

Trabajó en el Diario La Patria de Manizales y allí escribió, entre 1921 y durante el resto de su vida, una columna diaria titulada "Del Minuto", utilizando el pseudónimo de “Mauricio” por el cual fue conocido en todo el país.

(Epígrafe del libro "Del Minuto"- Biblioteca de Escritores Caldenses / 1980)

Al respecto, el historiador Pedro Felipe Hoyos K. (2018), en su libro-homenaje a Calderón, escribe: “Sin duda, la ocupación principal de Mauricio en las letras fue la elaboración de sus columnas. Más de 30 años continuos escribió en La Patria con una periodicidad asombrosa, porque hay semanas donde escribió a diario” (p. 48).

Fabio Vélez Correa, en su “Diccionario de autores caldenses” (2023),  señala que Calderón “perteneció a la ‘Generación del Centenario’, de la que hicieron parte  Aquilino Villegas, Francisco Marulanda Correa, Emilio Robledo, Eusebio Robledo Correa (1872-1926), Juan Bautista Jaramillo Meza (1892-1978), Blanca Isaza de Jaramillo Meza (1898-1967) y Nazario Restrepo Botero (1877-1931)”. 

Esta generación fundó y accedió a numerosas revistas y periódicos. La revista “Motivos” (1913), por ejemplo, la más importante de todas ellas, que estaba bajo la dirección de Jorge S. Robledo. La revista “Renacimiento Literario” (1920), que estuvo a cargo de Roberto Londoño Villegas -Luis Donoso- y el mismo Tomás Calderón. El Diario La Patria (1921), dirigido por Francisco José Ocampo.  La revista “Cervantes” (1929), dirigida por Arturo Zapata. Y la revista “Manizales” (1940), dirigida por Blanca Isaza y su esposo Juan Bautista Jaramillo M.

 En 1927, Tomás Calderón participó en un concurso de la Sociedad de Mejoras Públicas de Armenia (Viejo Caldas) dirigido a conmemorar los 40 años de la ciudad. A través de sus amigos presentó una letra para el himno municipal, la cual fue declarada ganadora y a la que puso música Rafael Moncada, destacado músico salamineño.

Entre 1928 y 1932 aparecieron varios cuentos cortos, de “Mauricio”, en la revista “Cervantes” de Arturo Zapata.


En 1933, la editorial de Arturo Zapata editó “60 minutos”, el primer libro de Calderón, con prólogo del también escritor Silvio Villegas. El libro, en palabras de Hoyos K. (2018):

…Hace un recorrido por los paisajes más bellos del país: el río Moro en la región de Samaná, al nororiente del Departamento de Caldas; La Enea, en las inmediaciones de Manizales; El Paraíso en el valle del río Cauca; terminando su peregrinación con un capítulo llamado “De Regreso”; y el final, que lleva por título “Penumbras y Diálogos”, transcribiendo a una dimensión humana y filosófica la razón de este periplo. (p. 45)

Con el título “La patria y los días”, la Biblioteca del Banco de la República editó en 1971 una antología de crónicas colombianas, en la que se incluyó una crónica de Calderón (“Elogio de las cosas”) junto a relatos de grandes autores del género: Eduardo Caballero Calderón (Swann), Adel López Gómez, Luis Eduardo Nieto Caballero, Tomás Rueda Vargas, Hernando Téllez y Germán Arciniegas, entre otros

En 1980, La Biblioteca de Escritores Caldenses, a través de la Imprenta departamental, publica una selección de sus columnas con el título de “Del minuto”. Un año más tarde se edita como: “Minutos”, esta vez con el auspicio de la llamada Biblioteca Popular de Autores Caldenses.


En 2018, se publica un libro-homenaje, “Tomás Calderón, una antología”, con un detallado estudio crítico de Pedro Felipe Hoyos K., quien compila las mejores columnas de Calderón publicadas en El Diario la Patria entre 1921 y 1954. Se reúnen allí columnas sobre literatura, cosas inútiles, personajes, columnas históricas y temas varios, paisajes, viajes, asuntos religiosos, asuntos futuristas, cuentos, prosas cortas y poesía.

 


COMENTARIOS SOBRE SU OBRA:

*En homenaje a Tomás Calderón, un poco después de su fallecimiento, el escritor quindiano Julio Alfonso Cáceres, en su libro “Vaguedad de los días” (1963), compara la escritura de “Mauricio” con la de Azorín, el renombrado prosista español, y expresa:

Allí encontramos algo de Azorín. Algo en cuanto a la maestría para captar los temas, para relievar los perfiles de los personajes que a veces forman con su paisaje un solo volumen. Pero a la claridad azoriniana se enfrenta el lirismo de Mauricio. Esto por cuanto Azorín es un prosista, uno de los más eminentes prosistas españoles. Pero Mauricio no sólo fue un prosista. Fue un poeta de la prosa. Lo que otros realizan entre chisporroteos de asonancias y equilibrios de rima, Mauricio lo realizaba entre el marco de una prosa poemática que a la postre convertía sus páginas en emotivas acuarelas musicales (p. 219-224).



**Augusto León Restrepo, exdirector del Diario la Patria de Manizales, en el prólogo al libro de Hoyos K. (2018), define a “Mauricio” como periodista, cronista, poeta y “retratista de nuestra ciudad y de sus gentes. Quizás el más representativo de su época, a quien no le quedaba fácil obtener este calificativo” (p.16).  

En otro lugar de su prólogo, Restrepo sintetiza la faceta cívica de Calderón:

En La Patria, en la revista Civismo de la Sociedad de Mejoras Públicas, aparecieron centenares de artículos en los que los proyectos para su desarrollo y el de sus gentes siempre recibieron su impulso y su decidido compromiso. El turismo en el Nevado, sus aguas termales, las tierras de La Rochela como centro de veraneo, la represa de “Cameguadua” que nos permitiera navegar, las carreteras pavimentadas, las avenidas y el armonioso urbanismo de sus barrios, el destino futurista de Manizales como ciudad universitaria e industrial, fueron su viático casi que diario. Y su Catedral, desde sus cimientos hasta que se coronó con el gigante crucificado, fue el pilar de sus desvelos. (p. 14)

(Fotografía del libro "Tomás Calderón, una antología"
de Pedro Felipe Hoyos K. / 2018)

***Una nota necrológica de Luis Eduardo Nieto Caballero (LENK), y que recupera Hoyos K. en su libro, muestra claramente el espíritu poético y singular de “Mauricio”. Relata Nieto caballero:

No olvidaré jamás un momento que se mostró el alma de Tomás Calderón, de Mauricio, como firmaba en la prensa, en toda su diafanidad esplendorosa. Regresaba yo de México. El avión se detuvo media hora en Guatemala, donde Mauricio desempeñaba, desde hacía un mes o dos, el cargo de secretario o de agregado cultural en la legación que presidía el señor Caviedes. De pronto lo vi llegar con un grupo de colombianos que salían a despedirlo. Me abrazó con efusión y me dijo que iba a ser mi compañero de viaje. Cuando subimos al avión y se sentó a mi lado, me dijo: “¡Qué felicidad regresar a Colombia! ¡Usted y yo no nacimos para estar por fuera! (…) En Manizales conozco a todo el mundo. En la calle yo no hacía otra cosa que saludar amigos. Conversaba con ellos brevemente, pero siempre de manera grata, porque había tiempo para hablar; se trataba de la región o de noticias generales del país, de algo que nos interesaba. O, terminada mi labor, me iba a un café a charlar. Ahí sí, interminablemente, con agradables compañeros, de política, de literatura, de chismes del lugar, salerosas anécdotas, para reír, para soñar, para sentir que la vida me tenía agarrado y que pródigamente me entregaba sus dones”. (Hoyos K., 2018, p.49).

 

REFERENCIAS:

-Cáceres, Julio Alfonso (1963). Vaguedad de los días. Imprenta departamental de Caldas.

-Calderón R., Tomás (1933). 60 MINUTOS. Tipografía Cervantes. Editor Arturo Zapata.

-Calderón R., Tomás (1980). Del minuto. Imprenta Departamental. Manizales.

-Calderón R., Tomás (1981). Minutos. Imprenta Departamental. Manizales.

-Hoyos K., Pedro Felipe (2018).  Tomás Calderón, una antología. Hoyos Editores. 

-Instituto colombiano de cultura (Ed.) (1971) Biblioteca Colombiana de Cultura. La patria y los días: antología de crónicas.

-Vélez Correa, Fabio (2023). Diccionario de Autores Caldenses. Una apuesta por la identidad. Secretaría de Cultura de Caldas. Academia Caldense de Historia. Colección “Obras Históricas” Nº 10. Cuarta edición ampliada y actualizada, digital (PDF): Noviembre de 2023.

 

(Fotografías del libro "Tomás Calderón, una antología" de Pedro Felipe Hoyos K. - 2018)

FRAGMENTOS ESCOGIDOS DE TOMAS CALDERÓN RAMÍREZ

-En la voz de León darío Gil R.-

(Visiten y escuchen nuestro podcast adjunto)

DEL VIEJO MANIZALES

Con fecha 15 de marzo de 1875, apareció en “El Ruiz” el programa de la Semana Santa de aquel año en Manizales. En el número 12 hay también una especie de crónica local que firma el director, don Alejandro Restrepo. Esto hace la friolera de sesenta y dos años y entonces la ciudad tenía trece mil habitantes. (…)

En la crónica local, hay este suelto.

“Llamamos seriamente la atención de la policía hacia los desórdenes que ocurren, especialmente algunos sábados y domingos, por la noche. Los ebrios y los cantores, la mayor parte de éstos con gritos desacompasados y canciones un tanto inmorales, privan a los ciudadanos, recogidos en su hogar, del descanso de las fatigas diarias. No menos alarmantes son los gritos de “abajo los ricos” e insultos al gobierno que se han oído ya varias veces en algunas de las noches indicadas”.

Era el buen tiempo de las serenatas. Lenaranjo, siendo muy niño, con el viejo Patetela, con Laureano Vasco y “Juan Chivera”, hacían canciones que luego cantaban en las rejas de las lindas manuelitas de trenzas redondas y mejillas de terciopelo. Entonces se usaba una cruz de cristal en el pecho que los hombres les regalaban como aguinaldo, en tanto que ellas correspondían con la graciosa palomita de porcelana ensartada en una horquilla.


CASTAÑITO

(28 de septiembre, 1951)

“Castañito” se fue de la vida en silencio, sonreído, apacible y con el mismo gesto de portero bueno. Se salió de la vida como si hubiera ido a llevar una carta al otro lado, a la acera de enfrente. Se marchó, diciendo: Ya vuelvo. Y, en puntillas, la muerte se lo encontró, le recibió el paquete de la vida, tal vez demasiado pesado ya, le firmó el necesario comprobante y él no volvió a aparecer en nuestros cuartos de redacción. (…)

“Castañito” desapareció de este diario un día cualquiera. No dijo nada. Dejó de ser portero con la misma tranquilidad simple y sencilla de un poco de agua que deja de correr sin saberse nada, como un milagro que cesa. Dejó el camino terrenal y se fue a llevarle una carta a Dios, siempre con el cándido gesto de la mano que se levanta para señalar algo sin señalar nada. Era primordial ese gesto suyo. En ocasiones, una carta esperada largos días, parecía que llegase de pronto, porque él levantaba el brazo como para decir algo y era solamente para saludar, para dar los buenos días, para desearle a uno una feliz tarde de despedida.

Porque se iba por la tarde, regresaba en la noche siempre silencioso y se detenía en la puerta a mirar las máquinas, a cuidarlas como si fuesen doncellas, niñas de un acero puro. Hacía de dragón en el palacio de los linotipos, donde se aloja la princesa durmiente de las ideas. (…)

Pasó por la vida suavemente, sin hacer ruido, y cuando habíale llegado la ancianidad cargada de fatiga, se hizo portero de un periódico que no leyó nunca. Santa alma de Dios. Simple como una letra del alfabeto. Manso como un pajarito que come en la mano de un niño y sencillo como una abeja.


MAESE SERGIO LONDOÑO

Hace dos días murió en Manizales Sergio Londoño de la estirpe de maese Pedro. Ventorros, ventorrillos y posadas camineras le vieron pasar por muchos años con su baúl de tinglados y la leyenda de Manuelucho -perdonavidas y tapacaminos- que alegró en noches innumerables el “cansancio de los caminantes”. S

us personajes de madera y aserrín contenían un alma racial, de tal manera que el pequeño guiñol de Sergio Londoño era una docta cátedra de psicología, y no había ninguna de sus marionetas que no tuviese, dentro de su pecho de trapos y viruta, un diminuto corazón humano. El padre Asmita, don Mateo, Cuncia, Joaquinillo y Manuelucho Sepúlveda hubieran podido servir para una novela de don Tomás Carrasquilla. (…)

Se ha marchado Maese Sergio. Allá arriba, donde el buen Dios espera a los seres humildes que no hicieron daño alguno en su tránsito por la vida terrenal, sino que antes bien cruzaron el valle de lágrimas haciendo reír con alegre tinglado, él estará como antes, el retablo puesto en el teatrillo de una estrella y un niño Jesús muerto de risa.

 

LA ORQUESTA MÁS POBRE DEL MUNDO

Ambula por la ciudad una orquesta única en el mundo. Se compone de un ciego, de un hombre alto que sólo lleva una copa de sombrero en la cabeza y de una muchacha de color, toda raída por la miseria. Los tres han compuesto un “jazz” y se han ido por todos los caminos en busca de la propina del “alto Señor que detiene su docta cabalgadura” y del pobre que ríe viendo reír al feliz.

He aquí los instrumentos de que se compone la unión musical de estos seres de aquelarre: una guitarra vieja, una dulzaina pegada al instrumento, una maraca impar, dos cucharas de palo, cinco tarros vacíos que antes contuvieron aceite para automóviles y una flauta consistente en una varilla de madera con diez agujeros. (…)

Pero nada es más triste que este ciego y su orquesta. Los tres forman la imagen de la vida anónima y errabunda. Llevan la pobreza en su flauta y la melancolía en el monocorde acento de las dos cucharas de palo. (…)

Un día formaron el trío con lo primero que encontraron a mano. El uno, el hombre del medio sombrero, inventó que podría crearse un “jazz” con dos cucharas de palo.  El ciego de ojos vacíos halló que a su guitarra podía añadirle una dulzaina y una maraca impar. Ella, el hada madrina del harapo, el amor que une a estas dos pobres vidas, encontró que su camino estaba allí, es decir, siguiéndolos en su sendero triste hacia la canción que no llega nunca.

 

LA MUJER PARACAÍDAS

(3 de diciembre1938)

El “Olivares”, que del puente a su cauce tiene setenta metros de altura, fue inaugurado como “Tequendama” para el suicidio, por dos adolescentes que se hicieron tortilla.  Anteayer, cuando la luna parecía una tajada de papaya con señales del mordisco de Dios, se arrojaron también dos buenos clientes de Saturno. …

A setenta metros, de Jaime, naturalmente, no quedó nada. En las piedras redondas del río amuela su guadaña la muerte.

Pero a Matilde no le pasó nada. Su ángel de la guarda es un paracaídas. (…) Esta vez se ha batido el campeonato del golpe por caída de altura. Es la mujer que ha caído de más alto. Muchas tienen con un resbalón y quedan penando toda la vida. (…)

Esta muchacha nació aerodinámica. Como se nace poeta. (…) Esta niña, parodiando lo que algún día decía un cronista francés, ha chantajeado a la muerte. Se ha burlado del trágico puente de Olivares. (…)

La encontraron sentada sobre las piedras del río, cerca de su amante destrozado, cantando la canción de los desesperados y que dice en alguna estrofa: “Quisiera confesarte lo mucho que te quiero,/ lo mucho que te adoro, como se adora el sol./ En cambio, no quisiera saber que me aborreces./ Quisiera una y mil veces morir con mi pasión./”


ENLACES DESTACADOS:

Texto de Julio Alfonso Cáceres.

https://www.facebook.com/groups/fotohistoria.manizales/posts/2451682915176647/

Texto de Fabio Vélez Correa. Generaciones, movimientos y grupos literarios de Caldas.

http://academiacaldensedehistoria.blogspot.com/2013/09/generaciones-movimientos-y-grupos.html

DOCUMENTAL: “Tomas Calderón: La voz de las cosas inútiles”

(Pedro Felipe Hoyos K. –Hoyos Editores)

https://www.facebook.com/watch/?v=130291299012677

 


AGRADECIMIENTOS:

Esta serie digital es posible gracias al apoyo de la Secretaría de Cultura y Civismo 

-Alcaldía de Manizales-

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