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TOMÁS CALDERÓN RAMÍREZ -“Mauricio”-
(1891 - 1955)
Periodista, cronista y poeta. Nació en Salamina (Caldas) en el año 1891. Sin embargo, la mayor parte de su obra la
realizó en Manizales, ciudad donde murió en 1955.
Trabajó en el Diario La Patria de Manizales y
allí escribió, entre 1921 y durante el resto de su vida, una columna diaria
titulada "Del Minuto", utilizando
el pseudónimo de “Mauricio” por el
cual fue conocido en todo el país.
Fabio Vélez Correa, en su “Diccionario de autores caldenses” (2023), señala que Calderón “perteneció a la ‘Generación del Centenario’, de la que hicieron parte Aquilino Villegas, Francisco Marulanda Correa, Emilio Robledo, Eusebio Robledo Correa (1872-1926), Juan Bautista Jaramillo Meza (1892-1978), Blanca Isaza de Jaramillo Meza (1898-1967) y Nazario Restrepo Botero (1877-1931)”.
Esta generación fundó y accedió a numerosas revistas
y periódicos. La revista “Motivos” (1913), por ejemplo, la más importante de todas
ellas, que estaba bajo la dirección de Jorge S. Robledo. La revista “Renacimiento Literario” (1920), que estuvo a
cargo de Roberto Londoño Villegas -Luis Donoso- y el mismo Tomás Calderón. El
Diario La Patria (1921), dirigido por Francisco José Ocampo. La revista “Cervantes” (1929), dirigida por Arturo Zapata. Y la revista “Manizales”
(1940), dirigida por Blanca Isaza y su esposo Juan Bautista Jaramillo M.
Entre 1928 y 1932 aparecieron varios cuentos cortos, de “Mauricio”, en la revista “Cervantes” de Arturo Zapata.
En 1933, la editorial de Arturo Zapata editó
“60 minutos”, el primer libro de Calderón, con prólogo del también escritor
Silvio Villegas. El libro, en palabras de Hoyos K. (2018):
…Hace un recorrido por los paisajes más bellos del país: el río Moro en la región de Samaná, al nororiente del Departamento de Caldas; La Enea, en las inmediaciones de Manizales; El Paraíso en el valle del río Cauca; terminando su peregrinación con un capítulo llamado “De Regreso”; y el final, que lleva por título “Penumbras y Diálogos”, transcribiendo a una dimensión humana y filosófica la razón de este periplo. (p. 45)
Con el título “La patria y los días”, la Biblioteca del Banco de la República editó en 1971 una antología de crónicas colombianas, en la que se incluyó una crónica de Calderón (“Elogio de las cosas”) junto a relatos de grandes autores del género: Eduardo Caballero Calderón (Swann), Adel López Gómez, Luis Eduardo Nieto Caballero, Tomás Rueda Vargas, Hernando Téllez y Germán Arciniegas, entre otros
En 1980, La Biblioteca de Escritores Caldenses, a través de la Imprenta departamental, publica una selección de sus columnas con el título de “Del minuto”. Un año más tarde se edita como: “Minutos”, esta vez con el auspicio de la llamada Biblioteca Popular de Autores Caldenses.
En 2018, se publica un libro-homenaje, “Tomás Calderón, una antología”, con un detallado estudio crítico de Pedro Felipe Hoyos K., quien compila las mejores columnas de Calderón publicadas en El Diario la Patria entre 1921 y 1954. Se reúnen allí columnas sobre literatura, cosas inútiles, personajes, columnas históricas y temas varios, paisajes, viajes, asuntos religiosos, asuntos futuristas, cuentos, prosas cortas y poesía.
COMENTARIOS SOBRE SU OBRA:
*En homenaje a Tomás Calderón, un
poco después de su fallecimiento, el escritor quindiano Julio Alfonso Cáceres,
en su libro “Vaguedad de los días” (1963), compara la escritura de “Mauricio”
con la de Azorín, el renombrado prosista español, y expresa:
Allí encontramos algo de
Azorín. Algo en cuanto a la maestría para captar los temas, para relievar los
perfiles de los personajes que a veces forman con su paisaje un solo volumen.
Pero a la claridad azoriniana se enfrenta el lirismo de Mauricio. Esto por cuanto
Azorín es un prosista, uno de los más eminentes prosistas españoles. Pero
Mauricio no sólo fue un prosista. Fue un poeta de la prosa. Lo que otros
realizan entre chisporroteos de asonancias y equilibrios de rima, Mauricio lo
realizaba entre el marco de una prosa poemática que a la postre convertía sus
páginas en emotivas acuarelas musicales (p. 219-224).
**Augusto León Restrepo, exdirector del Diario
la Patria de Manizales, en el prólogo al libro de Hoyos K. (2018), define a “Mauricio”
como periodista, cronista, poeta y “retratista de nuestra ciudad y de sus
gentes. Quizás el más representativo de su época, a quien no le quedaba fácil
obtener este calificativo” (p.16).
En otro lugar de su prólogo, Restrepo
sintetiza la faceta cívica de Calderón:
En La Patria, en la revista Civismo de la Sociedad de Mejoras Públicas, aparecieron centenares de artículos en los que los proyectos para su desarrollo y el de sus gentes siempre recibieron su impulso y su decidido compromiso. El turismo en el Nevado, sus aguas termales, las tierras de La Rochela como centro de veraneo, la represa de “Cameguadua” que nos permitiera navegar, las carreteras pavimentadas, las avenidas y el armonioso urbanismo de sus barrios, el destino futurista de Manizales como ciudad universitaria e industrial, fueron su viático casi que diario. Y su Catedral, desde sus cimientos hasta que se coronó con el gigante crucificado, fue el pilar de sus desvelos. (p. 14)
***Una nota necrológica de Luis Eduardo Nieto Caballero (LENK), y que recupera Hoyos K. en su libro, muestra claramente el espíritu poético y singular de “Mauricio”. Relata Nieto caballero:
No olvidaré jamás un momento que se mostró el
alma de Tomás Calderón, de Mauricio, como firmaba en la prensa, en toda su
diafanidad esplendorosa. Regresaba yo de México. El avión se detuvo media hora
en Guatemala, donde Mauricio desempeñaba, desde hacía un mes o dos, el cargo de
secretario o de agregado cultural en la legación que presidía el señor
Caviedes. De pronto lo vi llegar con un grupo de colombianos que salían a
despedirlo. Me abrazó con efusión y me dijo que iba a ser mi compañero de
viaje. Cuando subimos al avión y se sentó a mi lado, me dijo: “¡Qué felicidad regresar a Colombia! ¡Usted
y yo no nacimos para estar por fuera! (…) En Manizales conozco a todo el mundo. En la calle yo no hacía otra cosa
que saludar amigos. Conversaba con ellos brevemente, pero siempre de manera grata,
porque había tiempo para hablar; se trataba de la región o de noticias
generales del país, de algo que nos interesaba. O, terminada mi labor, me iba a
un café a charlar. Ahí sí, interminablemente, con agradables compañeros, de
política, de literatura, de chismes del lugar, salerosas anécdotas, para reír,
para soñar, para sentir que la vida me tenía agarrado y que pródigamente me
entregaba sus dones”. (Hoyos K., 2018, p.49).
REFERENCIAS:
-Cáceres, Julio Alfonso (1963). Vaguedad de
los días. Imprenta departamental de Caldas.
-Calderón R., Tomás (1933). 60 MINUTOS. Tipografía
Cervantes. Editor Arturo Zapata.
-Calderón R., Tomás (1980). Del minuto.
Imprenta Departamental. Manizales.
-Calderón R., Tomás (1981). Minutos. Imprenta Departamental. Manizales.
-Hoyos K., Pedro Felipe (2018). Tomás Calderón, una antología. Hoyos
Editores.
-Instituto colombiano de cultura (Ed.) (1971) Biblioteca Colombiana de Cultura. La patria y los días: antología de crónicas.
-Vélez Correa, Fabio (2023). Diccionario de
Autores Caldenses. Una apuesta por la identidad. Secretaría de Cultura de
Caldas. Academia Caldense de Historia. Colección “Obras Históricas” Nº 10.
Cuarta edición ampliada y actualizada, digital (PDF): Noviembre de 2023.
FRAGMENTOS ESCOGIDOS DE TOMAS CALDERÓN RAMÍREZ
(Visiten
y escuchen nuestro podcast adjunto)
DEL VIEJO MANIZALES
Con fecha 15 de marzo de 1875,
apareció en “El Ruiz” el programa de la Semana Santa de aquel año en Manizales.
En el número 12 hay también una especie de crónica local que firma el director,
don Alejandro Restrepo. Esto hace la friolera de sesenta y dos años y entonces
la ciudad tenía trece mil habitantes. (…)
En la crónica local, hay este
suelto.
“Llamamos seriamente la atención de la policía hacia los
desórdenes que ocurren, especialmente algunos sábados y domingos, por la noche.
Los ebrios y los cantores, la mayor parte de éstos con gritos desacompasados y
canciones un tanto inmorales, privan a los ciudadanos, recogidos en su hogar, del
descanso de las fatigas diarias. No menos alarmantes son los gritos de “abajo los
ricos” e insultos al gobierno que se han oído ya varias veces en algunas de las
noches indicadas”.
Era el buen tiempo de las
serenatas. Lenaranjo, siendo muy niño, con el viejo Patetela, con Laureano
Vasco y “Juan Chivera”, hacían canciones que luego cantaban en las rejas de las
lindas manuelitas de trenzas redondas y mejillas de terciopelo. Entonces se usaba
una cruz de cristal en el pecho que los hombres les regalaban como aguinaldo,
en tanto que ellas correspondían con la graciosa palomita de porcelana ensartada
en una horquilla.
CASTAÑITO
(28 de septiembre, 1951)
“Castañito” se fue de la vida en
silencio, sonreído, apacible y con el mismo gesto de portero bueno. Se salió de
la vida como si hubiera ido a llevar una carta al otro lado, a la acera de
enfrente. Se marchó, diciendo: Ya vuelvo. Y, en puntillas, la muerte se lo
encontró, le recibió el paquete de la vida, tal vez demasiado pesado ya, le
firmó el necesario comprobante y él no volvió a aparecer en nuestros cuartos de
redacción. (…)
“Castañito” desapareció de este
diario un día cualquiera. No dijo nada. Dejó de ser portero con la misma
tranquilidad simple y sencilla de un poco de agua que deja de correr sin
saberse nada, como un milagro que cesa. Dejó el camino terrenal y se fue a llevarle
una carta a Dios, siempre con el cándido gesto de la mano que se levanta para
señalar algo sin señalar nada. Era primordial ese gesto suyo. En ocasiones, una
carta esperada largos días, parecía que llegase de pronto, porque él levantaba
el brazo como para decir algo y era solamente para saludar, para dar los buenos
días, para desearle a uno una feliz tarde de despedida.
Porque se iba por la tarde,
regresaba en la noche siempre silencioso y se detenía en la puerta a mirar las
máquinas, a cuidarlas como si fuesen doncellas, niñas de un acero puro. Hacía
de dragón en el palacio de los linotipos, donde se aloja la princesa durmiente
de las ideas. (…)
Pasó por la vida suavemente, sin
hacer ruido, y cuando habíale llegado la ancianidad cargada de fatiga, se hizo
portero de un periódico que no leyó nunca. Santa alma de Dios. Simple como una
letra del alfabeto. Manso como un pajarito que come en la mano de un niño y
sencillo como una abeja.
MAESE SERGIO LONDOÑO
Hace dos días murió en Manizales
Sergio Londoño de la estirpe de maese Pedro. Ventorros, ventorrillos y posadas
camineras le vieron pasar por muchos años con su baúl de tinglados y la leyenda
de Manuelucho -perdonavidas y tapacaminos- que alegró en noches innumerables el
“cansancio de los caminantes”. S
us personajes de madera y aserrín
contenían un alma racial, de tal manera que el pequeño guiñol de Sergio Londoño
era una docta cátedra de psicología, y no había ninguna de sus marionetas que
no tuviese, dentro de su pecho de trapos y viruta, un diminuto corazón humano.
El padre Asmita, don Mateo, Cuncia, Joaquinillo y Manuelucho Sepúlveda hubieran
podido servir para una novela de don Tomás Carrasquilla. (…)
Se ha marchado Maese Sergio. Allá
arriba, donde el buen Dios espera a los seres humildes que no hicieron daño
alguno en su tránsito por la vida terrenal, sino que antes bien cruzaron el
valle de lágrimas haciendo reír con alegre tinglado, él estará como antes, el
retablo puesto en el teatrillo de una estrella y un niño Jesús muerto de risa.
LA ORQUESTA MÁS POBRE DEL MUNDO
Ambula por la ciudad una orquesta
única en el mundo. Se compone de un ciego, de un hombre alto que sólo lleva una
copa de sombrero en la cabeza y de una muchacha de color, toda raída por la
miseria. Los tres han compuesto un “jazz” y se han ido por todos los caminos en
busca de la propina del “alto Señor que
detiene su docta cabalgadura” y del pobre que ríe viendo reír al feliz.
He aquí los instrumentos de que se
compone la unión musical de estos seres de aquelarre: una guitarra vieja, una
dulzaina pegada al instrumento, una maraca impar, dos cucharas de palo, cinco
tarros vacíos que antes contuvieron aceite para automóviles y una flauta
consistente en una varilla de madera con diez agujeros. (…)
Pero nada es más triste que este
ciego y su orquesta. Los tres forman la imagen de la vida anónima y errabunda.
Llevan la pobreza en su flauta y la melancolía en el monocorde acento de las
dos cucharas de palo. (…)
Un día formaron el trío con lo
primero que encontraron a mano. El uno, el hombre del medio sombrero, inventó
que podría crearse un “jazz” con dos cucharas de palo. El ciego de ojos vacíos halló que a su
guitarra podía añadirle una dulzaina y una maraca impar. Ella, el hada madrina
del harapo, el amor que une a estas dos pobres vidas, encontró que su camino
estaba allí, es decir, siguiéndolos en su sendero triste hacia la canción que
no llega nunca.
LA MUJER PARACAÍDAS
(3 de diciembre1938)
El “Olivares”, que del puente a su
cauce tiene setenta metros de altura, fue inaugurado como “Tequendama” para el suicidio,
por dos adolescentes que se hicieron tortilla.
Anteayer, cuando la luna parecía una tajada de papaya con señales del
mordisco de Dios, se arrojaron también dos buenos clientes de Saturno. …
A setenta metros, de Jaime, naturalmente,
no quedó nada. En las piedras redondas del río amuela su guadaña la muerte.
Pero a Matilde no le pasó nada. Su
ángel de la guarda es un paracaídas. (…) Esta vez se ha batido el campeonato
del golpe por caída de altura. Es la mujer que ha caído de más alto. Muchas
tienen con un resbalón y quedan penando toda la vida. (…)
Esta muchacha nació aerodinámica.
Como se nace poeta. (…) Esta niña, parodiando lo que algún día decía un
cronista francés, ha chantajeado a la muerte. Se ha burlado del trágico puente
de Olivares. (…)
La encontraron sentada sobre las
piedras del río, cerca de su amante destrozado, cantando la canción de los
desesperados y que dice en alguna estrofa: “Quisiera confesarte lo mucho que te quiero,/
lo mucho que te adoro, como se adora el sol./ En cambio, no quisiera saber que
me aborreces./ Quisiera una y mil veces morir con mi pasión./”
ENLACES DESTACADOS:
Texto de Julio Alfonso Cáceres.
https://www.facebook.com/groups/fotohistoria.manizales/posts/2451682915176647/
Texto de Fabio Vélez Correa. Generaciones,
movimientos y grupos literarios de Caldas.
http://academiacaldensedehistoria.blogspot.com/2013/09/generaciones-movimientos-y-grupos.html
DOCUMENTAL: “Tomas Calderón: La voz de las cosas inútiles”
(Pedro Felipe Hoyos K. –Hoyos Editores)
https://www.facebook.com/watch/?v=130291299012677
Esta serie digital es posible gracias al apoyo de la Secretaría de Cultura y Civismo
-Alcaldía de Manizales-









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